01/01/2018 INFORMACIÓN GENERAL

Victoria Aguirre, una historia de lucha

“Estoy en mi casa, con mi familia y contentísima”, contó la joven, días después de ser absuelta en el juicio que investigó el crimen Selene, la hija de Aguirre, de dos años y medio, quien falleció como consecuencia de un golpe que le fracturó el cráneo.

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“Estoy en mi casa, con mi familia y contentísima”, celebraba Victoria Aguirre días después que el Tribunal Penal de Oberá la absolviera por el femicidio de su pequeña hija de dos años, Selene Aguirre, y condenara a su vez a su expareja Rolando Lovera a 19 años de prisión a su pareja. Desde enero de 2015, ambos estaban detenidos por el crimen Selene, quien falleció como consecuencia de un golpe que le fracturó el cráneo.

“Fue muy difícil, no tenía ninguna oportunidad porque era la mamó: todo lo que decía era mentira”, contó sobre cómo vivió el proceso judicial que finalmente la absolvió. “La fiscal, los jueces, con una actitud machista: toda la culpa la tenía yo”.

“Se dio todo vuelta, para todos él era el buen padre y yo no”, recuerda Victoria sobre cuando pasó por el banquillo ante la mirada patriarcal de quienes debían investigar con imparcialidad. Mientras que en su cabeza se repetían la escena de esa “semana de terror” que desencadenó en la muerte de la pequeña: “Nos tenía encerradas y no nos dejaba hablar con nadie. Pensaba en cómo le afectaba a ella. Tenía miedo, no sabía cómo actuar”.

“No sé qué pasó ahí adentro. En el hospital, prácticamente arrastrada, me detuvieron en el momento. Él a la tarde se entregó”. Para Victoria, “el trato en general en la cárcel fue cambiando”. Y el final feliz: “En la autopsia se pudo comprobar que no tuve que ver con eso”.

 

LA HISTORIA DE UNA LUCHA

Dice el relato en Cosecha Roja: Victoria Aguirre tenía 21 años y una hija cuando conoció a Rolando Emilio Lovera. Durante seis meses fue su novia y el 30 de diciembre se fue a vivir con él. Alquilaron una casa en Oberá, Misiones y los primeros 15 días de convivencia estaba feliz. Victoria cursaba el tercer año de Profesorado elemental y aunque era madre soltera, la familia paterna de su hija la ayudaba a mantener a la beba. Rolando trabajaba como sereno, por eso dormía durante el día.

Todo parecía andar bien hasta el 13 de enero, cuando la pequeña Selene Ayelén sufrió un cuadro de deshidratación y los médicos decidieron internarla. De un día para el otro, Rolando comenzó a acusar a Victoria y a la beba por su falta de dedicación, por quitarle horas de sueño. Rolando se enojaba por el ruido del chupete de la niña y le recriminaba a Victoria porque Selene tenía un pequeño retraso madurativo. Sus enojos fueron creciendo. Una noche rompió el celular de Victoria y la encerró junto a su hija en la casa de ventanas enrejadas.

Victoria decidió irse. Preparó los bolsos pero tuvo que esperar que él volviera con las llaves. Él se dio cuenta de la huida que preparaba su pareja y agredió físicamente a la beba y a la mamá. Las encerró por ocho días. Durante el día las llevaba a la casa de sus padres. A la noche la llevaba a la arenera en la que trabajaba. Si Victoria se negaba a mantener relaciones sexuales, entonces le pegaba a Selene. Llegó a agarrarla de las piernas y ponerla cabeza abajo, mientras amenazaba con golpearle la cabeza contra el piso. Victoria, en cambio, tenía el cuerpo morado de aguantar los golpes que Rolando quería descargar contra Selene. El cuchillo que llevaba siempre en la cintura era el vehículo de la amenaza.

El 27 de enero, tuvieron que internar a la beba otra vez en el hospital Samic de Oberá por un cuadro de convulsiones. La nena tenía una salud delicada debido a un retraso madurativo producto de una infección intrahospitalaria que contrajo la mamá durante el embarazo. Al revisarla, los médicos descubrieron que tenía golpes en el cuerpo. Cuando Victoria se lo contó a su pareja, él le dijo que la sacara de ahí. Ella no reaccionó entonces amenazó a la doctora.

El 29 de enero de 2015 se desató la acelerada tragedia.

Esa noche del 29, Rolando, Victoria y Selene estaban en la arenera. Ella se había quedado dormida. A medianoche él la despertó. Había llamado un remis. Él tenía a la nena envuelta en una frazada. Cuando Victoria terminó de acomodarse en el auto, él se la pasó. “No la destapes. No la mires”, dijo.

Cuando llegaron a la casa, Victoria se dio cuenta de que Selene tenía manchas de sangre. Le pidió a Rolando que las llevara al hospital. Él las llevó pero en el camino le dijo a Victoria qué era lo que tenía que decir. Que se le había caído una computadora encima. Selene entró muerta a la guardia del Samic. Victoria, nerviosa, no pudo precisar lo que había ocurrió y fue acusada del politraumatismo de cráneo y las antiguas marcas de violencia en el cuerpo de su hija. Los médicos llamaron a la policía: Victoria quedó detenida. Lovera huyó del hospital pero se entregó a las cuatro de la tarde del día siguiente.

 

 

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