17/05/2018 DERECHOS HUMANOS
JOE LEMONGE - CONDENADO POR DEFENDERSE

“Sentí que mi vida podía terminar y que no iba a tener repercusión”

En el día internacional contra toda discriminación por orientación sexual e identidad de género, elDIARIO de la Región habló con Joe Lemonge. Hoy, está condenado a cinco años de prisión por haberse defendido de un ataque de trans-odio perpetrado por dos hombres en su domicilio en el pueblo de Santa Elena, Entre Ríos.

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El ataque de trans-odio del que fue víctima el joven trans Joe Lemonge ocurrió el 13 de octubre de 2016 en su vivienda en el barrio Hipólito Yrigoyen de Santa Elena, Entre Ríos, según relató la agencia Presentes, uno de los pocos medios que siguió cubriendo la historia de Joe luego de su testimonio viral por redes. Ese día, el joven fue atacado por dos varones en su casa y al defenderse de las agresiones, hirió a uno de ellos en el cuello.

La jueza Cristina Lía Vandembroucke entendió que Joe Lemonge es autor material de homicidio en grado de tentativa y lo sentenció a la pena de cinco años y seis meses de prisión de cumplimiento efectivo. El fiscal Santiago Alfieri había pedido ocho años. El 11 de mayo, se leyó el fallo completo.

elDIARIO de la Región habló con el joven trans que se encuentra, justamente hoy, el Día Internacional contra toda Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género, asesorándose con distintas organizaciones LGTBIQ+ sobre la sentencia. Explicó que las principales organizaciones que trabajan junto a él en su defensa son Abosex, la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgénero de Argentina y la Federación LGTB. Ahora, deben definir si la representación legal de Joe seguirá con el mismo abogado o habrá un cambio de profesionales. Buscarán la apelación de la sentencia y un cambio de tribunal para el inicio de este nuevo juicio. Este proceso puede llevar de seis meses a un año, contó, pero “el tiempo empezó a correr desde el lunes”. “Estoy agobiado y con miedo por mi futuro”, señaló.

Joe manifestó a este medio que si bien cualquier persona puede tener miedo por su futuro, “algunos creen estar más seguros de lo que va a pasar, yo no estoy tan seguro de qué va a pasar en mi caso”.

 

AL ODIO SE LO

COMBATE CON AMOR

 

Consultado por la intervención de las distintas organizaciones LGBTIQ+ a nivel nacional que mostraron su apoyo luego de que él contara su historia a través de su cuenta personal de Facebook, indicó: “Creo que me adapté fácilmente (a la exposición). Sentí lo que necesitaba sentir es la calidez humana, lo puedo resumir así. En años no lo sentí y particularmente en estos dos años donde pasó todo, estuve en absoluta soledad. Estuve muy muy solo, encerrado, sentía cualquier día podía terminar mi vida y no iba a tener repercusión alguna”, expresó. “Hoy es todo lo contrario, ha sido mucho el apoyo de las organizaciones y lo sigue siendo. Espero que continúe porque el proceso es largo”, agregó y dijo que también ayudó a que el movimiento LGTBIQ+ y feminista de Entre Ríos se despierte, aunque aún no hubo ningún tipo de apoyo estatal.

 

SOLEDADES

ADOLESCENTES

La historia de Joe repercute explícitamente en historias similares de toda la región. El pueblo chico de Santa Elena, ubicado en la mesopotámica Entre Ríos parece imperceptible a los avances en cuestión de derechos humanos de las grandes ciudades. Incluso de la propia capital provincial. En un año en el cual la absolución de Analía “Higui” de Jesús parece lejana, cuando se inició gracias a la enorme lucha de la comunidad el juicio por el travesticidio de Diana Sacayán, y donde incluso en Resistencia se registraron casos de lesbo-odio a una menor y tantos otros de discriminación y violencia institucional realizados por las fuerzas de seguridad a personas LGBTIQ+, la valentía de Joe vuelve a ser bandera.

“Soy el último de mi línea”, contó. “Soy hijo único y ahora sólo tengo a mi mamá. Da un margen de soledad y es fuerte transitar la niñez y la adolescencia que de por sí es bastante difícil”, agregó. Entre los 12 y los 20 años, Joe fue construyendo primero su orientación sexual: “Me percibía como una chica lesbiana”, explicó.

“Llevó miles de pesares en lo cotidiano, la burla fue común en el colegio. Me costaba relacionarme y tener amistades en la adolescencia por ser tan expresa y abierta en mi homosexualidad”, añadió en palabras que forman parte de la intolerancia diaria hacia las identidades disidentes.

“Conformé mi carácter y confianza, creció mi temperamento y mi posición hasta valiente e imponente, y decía que no podían hacerme”, reafirmó. “Es armar una barrera una coraza que va creciendo a medida que uno va creciendo también”, contó.

 

LUZ VERDE

AL ODIO

 

“La verdad que no esperaba esto que pasó”, comenzó a contar ante la pregunta de su vida en un pueblo pequeño. Dijo que la parte más violenta fue entre mayo y octubre del 2016, si bien el odio y la burla por ser lesbiana formaban parte de su vida, cuando comenzó un cambio más morfológico, todo fue más grave. Joe conformó su identidad de género según cuenta “con una transición parcial porque no uso testosterona”, sin embargo puso el foco en su parte física, modo de vestir, hacer mucho ejercicio, y sobre todo la autopercepción: nombrarse en masculino y con su nombre actual, Joe. “Eso terminó rebalsar el vaso lamentablemente, no imaginaba, no podía pensar que podía llegar armarse algo de este tamaño de barbarie”, confesó.

“El pueblo es un típico pueblo chiquito donde se da luz verde a este tipo de accionar. El acompañamiento del pueblo es casi nulo, excepto por una activista feminista y socorrista, luego con mi madre”, subrayó. Recién después vino el apoyo de “las grupas y compañeres a nivel nacional y provincial”. Pero Joe sí puede ver una trasformación gestándose en Santa Elena: “Sí, se callaron y se calmaron un poco, todos ahora entienden que están funcionando como en una gran cámara que percibe todo lo que me pase, y eso me hace sentir al menos un poco más tranquilo”.

En cambio, la discriminación estructural continúa y se refuerza ante la ausencia del Estado en sus tres Poderes, Joe sigue viviendo en la casa de su madre, el lugar donde estos dos sujetos ingresaron para golpearlo salvajemente, a cuadras de la vivienda de sus atacantes y sin posibilidad de conseguir trabajo. “El sábado, los vi cruzar por el frente y mirar hacia mi casa”, contó. Joe está en peligro por sus agresores, por la Justica, y por toda una sociedad cómplice de la violencia patriarcal.  

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