09/01/2018 LA PROVINCIA

Otra víctima de fumigaciones en Santa Fe

A principios de noviembre de 2017, a Diógenes Chapelet un “mosquito” que fumigaba un campo vecino lo envenenó. Enseguida se le cerró el pecho y le empezaron a salir manchas en el cuerpo. Ayer, murió. Su familia, ignorada por las autoridades, fue amenazada. Ocurrió en Marcelino Escalada.

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A 130 kilómetros al norte de la capital santafesina, se encuentra el pueblo Marcelino Escalada, que pertenece al Departamento San Justo. Según el último censo, vivían en esta comuna menos de 2.000 habitantes. Como tantas localidades de esta zona, centra su producción en la agricultura intensiva y fumigadora.

Diógenes Chapelet tenía 75 años y vivía en Marcelino Escalada y este fin de año fue trágico para él y su familia. Cuando nacía noviembre, uno de los tantos mosquitos que suelen fumigar lo hizo en un campo de trigo que linda a solo 25 metros de la casa de Diógenes, quien en esa misma tarde, en su patio, aspiró el veneno. Y hoy, el hombre falleció.

Familiares de Diógenes cuentan que en ese mismo momento de la fumigación se le cerró el pecho y que al día siguiente su piel se cubrió de manchas. Con el pasar de los días, su situación empeoraba y su cuerpo se cubría de raros colores y ronchas rojizas. A la semana y con su cuerpo enfermo, Diógenes debió soportar una nueva fumigación que el viento desvió hacia su vivienda. Era demasiado.

Papeles, sellos, firmas, denuncias, informes formaron parte de esa burocracia denominada expediente. Casi un mes después, el 13 de diciembre, el mismo presidente comunal de la localidad, Clemente Faletto, y el técnico fitosanitarista Horacio Pennino fueron a la casa de Diógenes.

Más que un técnico que iba a supervisar, Pennino se pareció a un representante de los dueños de los campos linderos. No pudo responder las preguntas que familiares le hicieron y se retiró ofuscado con los hijos y la esposa de Diógenes, que se negaron a firmar un acuerdo para que se siga fumigando.

Sin acuerdo que les permita seguir fumigando, aparecieron las llamadas telefónicas intimidatorias. Mientras tanto, el cuerpo de Diógenes expresaba, cada vez más, los síntomas del veneno. Médicos, enfermeros y especialistas eran testigos de un cuerpo que, poco a poco, se iba apagando.

Sus riñones comenzaron a fallar; remedios y corticoides intentaban dar batalla. Un mes de internación y luego el traslado a terapia intensiva en la Clínica Centro de San Justo iban preanunciando el final.

Ayer, su familia anunció que Diógenes falleció. Es otra víctima de las fumigaciones. Al lado de su casa, el trigo transgénico sigue creciendo, se bambolea con el viento y a lo lejos, alguien está llenando de veneno algún mosquito que seguirá vomitando enfermedad y muerte. (Fuente: Ricardo Serruya para Revistacritica.com).

 

 

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