12/12/2017 LA SOCIEDAD

La Masacre de Margarita Belén

El 13 de diciembre de 1976 la dictadura militar masacró a veintidós jóvenes en cercanías de Margarita Belén. El día anterior los detenidos políticos fueron sacados de distintas cárceles, trasladados al regimiento de Resistencia y a la Alcaidía donde fueron torturados antes de ser conducidos a la muerte.

img Obra del escultor Díaz Córdoba. El monumento a la masacre de Margarita Belén.

El fusilamiento clandestino fue disfrazado de enfrentamiento en la Ruta 11, en cercanías de la localidad de Margarita Belén, durante el traslado de los detenidos de Resistencia a Formosa.

Se conoce como “Masacre de Margarita Belén” la tortura y el posterior asesinato de un grupo de detenidos políticos en un operativo conjunto del Ejército Argentino y la Policía del Chaco el 13 de diciembre de 1976 a unos 30 kilómetros de la capital chaqueña.

Distintos documentos oficiales de la dictadura prueban el alto grado de planificación que tuvo la Masacre.

La tarde del domingo 12 se realizaron los preparativos en la Alcaidía, donde fueron concentrados detenidos políticos trasladados desde la prisión U7 y de la Brigada de Investigaciones. A partir de las 20 h del domingo comenzaron las torturas al grupo de recién llegados, junto con presos políticos en cautiverio en la Alcaidía. En horas de la madrugada el convoy del supuesto “traslado” partió hacia la Ruta 11, donde los presos políticos -maniatados y extenuados por la tortura- fueron ejecutados.

El 16 de mayo de 2011 ocho militares fueron condenados a prisión perpetua por ser considerados autores materiales de los homicidios. Un policía fue absuelto por insuficiencia probatoria. La investigación judicial continúa: existe una lista de más de veinte imputados (colaboradores civiles, funcionarios judiciales) y queda por resolver la restitución de los cuerpos de los asesinados que permanecen desaparecidos.

LOS MILITANTES CAÍDOS 

Fueron jóvenes, militantes sociales y políticos en la Argentina de los 70. Vidas que se encontraron creyendo en un proyecto común de justicia social.

Algunos habían optado por una manera de encarar la construcción de un país más justo: la lucha armada; otros no.

Pero desde antes de estas opciones, habían trabajado por sus ideales de otras formas.

Murieron juntos. Por alguna razón fueron “elegidos”, “seleccionados” con algún criterio por la dictadura militar.

No fueron juzgados, no se les probó culpa alguna, no les dieron condena. Fueron masacrados, salvajemente torturados -algunos hasta la muerte de dolor y sufrimiento- y otros finalmente fusilados.

El recuerdo de sus vidas está presente en las familias y en los amigos, y en muchos más que apostamos a crecer desde la memoria.

El testimonio de sus muertes tampoco es olvidado, porque no hay justicia sin memoria y castigo a los asesinos, a los abusadores del poder.

 

 


 

 

 

Por: Gentileza

EDICIÓN IMPRESA