23/05/2018 OPINIÓN

Es la crisis autoinfligida, no la herencia recibida

El gobierno de Mauricio Macri hizo todo lo que las corporaciones económicas, financieras y mediáticas le pedían. Y así nos va y nos irá peor aún.

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*Por Jorge Milton Capitanich

Intendente de Resistencia 

Desde el inicio de la gestión adoptó decisiones para desfinanciar al Estado, agravar el déficit fiscal operativo y financiero y profundizar los desequilibrios macroeconómicos en virtud del incremento desmesurado del déficit de cuenta corriente.

Las medidas en materia de reducción de ingresos fueron los siguientes: a) eliminación del impuesto al champágne,  b) eliminación de los impuestos a los autos de lujo, c) eliminación y/o modificación del impuesto a los bienes personales no incorporados de la actividad económica, d) quita de retenciones al trigo, maíz y reducción gradual y sistemática de la soja, e) negoció con la Corte Suprema de Justicia la restitución del 15 % de recursos coparticipables retenidos por nación para el financiamiento del sistema de seguridad social, del mismo modo que lo hizo con el 1,9 % del financiamiento de AFIP, f) modificó la ley de coparticipación federal de impuestos a favor de la CABA de 1,4 al 3,75 % con el objeto de financiar sus siete años de déficit fiscal y su aumento equivalente a cinco veces en materia de deuda pública siendo que la Capital Federal tiene un presupuesto de 220.000 millones de pesos para tres millones de habitantes cuando La Matanza tiene 7500 millones de pesos para más de dos millones de habitantes.

Paralelamente, privilegió un blanqueo de capitales con ingresos de 125000 millones de pesos sin coparticipación, propició un nuevo pacto fiscal con el resto de las provincias argentinas para la restitución de los fondos no contemplados en el Decreto 76/2016, una reparación histórica que no fue ni reparación ni tampoco histórica pero que generó un devengamiento de obligaciones previsionales en un escenario de pérdida progresiva de recursos en materia de aportes y contribuciones producto de menos trabajo, menos salarios y menor actividad económica.

Inmediatamente generaron las condiciones para unificar el mercado cambiario sin tener en cuenta las consecuencias inflacionarias derivadas de esta medida, desregulando al mismo tiempo el mercado cambiario y financiero con la liberalización plena del flujo de ingresos y salidas de capitales, eliminación del plazo de liquidación de divisas de los exportadores, eliminación de políticas de administración del comercio exterior para restringir importaciones, aumento de bocas de venta de dólares eliminando restricciones de compra de personas físicas hasta cinco millones de dólares por mes sin imponer regulación alguna para las transferencias de divisas al exterior para las empresas multinacionales.

También es preciso recordar que aumentaron inmediatamente las tasas de interés al 38 %, iniciaron el festival de emisión de LEBACS por 11,2 billones de pesos para financiar el déficit “cuasifiscal” e indujeron a un endeudamiento veloz y acelerado para el estado nacional, las provincias y las corporaciones económicas.

A cambio de este combo de medidas, lograron en tiempo récord un ruinoso acuerdo con los Fondos Buitre pagando 15000 millones de dólares para abrirnos al mundo, extendieron el acuerdo de swaps con la República Popular China por 11000 millones de dólares y empezaron a vivir la fiesta irresistible de la fuga de capitales sin control.

Como si esto fuera poco, dolarizaron todos los servicios públicos y combustibles, trasladando a mayor velocidad la devaluación a los precios domésticos que en la crisis del 2001 se habían desdolarizado y  desindexado.

El problema histórico de nuestro país reside precisamente en el problema de la restricción externa, estrangulamiento del sector externo o insuficiencia de la oferta de divisas para satisfacer en forma simultánea las necesidades de la remisión de utilidades de empresas multinacionales que concentran el 68 % del comercio exterior en aumento –Brasil 25 %-, de las importaciones en aumento y del flujo de demanda por turismo y por ahorro en moneda extranjera.

 Tensión ciudadana

Estas demandas provocan tensión en casi dos millones de argentinos que no representan al restante 43 millones que sufre las consecuencias. Hoy Argentina padece un fenomenal desequilibrio del sector externo que alcanza a casi 5 por ciento del PIB, aumentó el endeudamiento en 150.000 millones de dólares incluyendo distintas monedas y Lebacs y tuvo que recurrir al prestamista de última instancia que es el FMI para ejecutar una política de ajuste cuya crueldad se verá progresivamente.

Este es el mayor saqueo de la historia argentina. Los dólares fugados nunca volverán y de nuevo los más ricos concentrarán aún más sus riquezas y los más pobres padecerán aún más su pobreza, pues siempre hicieron lo mismo. Cada década, esperan una nueva crisis y esperan con dólares en el exterior fugados para comprar por 20 lo que antes valía 100 iniciando un nuevo ciclo de concentración de riqueza a costa del hambre y la miseria de nuestro pueblo.

Ahora vendrán para alentar el “que se vayan todos, que no quede ninguno” con ese raro acuerdo entre la derecha más recalcitrante y ciertos idiotas útiles del sistema que pululan entre posiciones extremas y salvar la gobernabilidad que es lo mismo que salvar la plata de los más ricos, de los bancos, de las corporaciones financieras que se preparan para un nuevo saqueo.

 

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