07/10/2018 LA SOCIEDAD

El transbordador Gotleyb

“Mis ciudades son desmedidas, funcionan como un alerta que intenta mostrar el daño que provoca dar la espalda a la naturaleza”

img Gotley en su taller. Gentileza

* Por Alfredo Germiniani

El maestro de la xilografía Leonardo Gotleyb, acaba de reponer recientemente en el Espacio Lezama Arte del barrio de la Boca, su emblemática muestra “El Transbordador, arqueología de un naufragio”. Celebrado en el Espacio de Arte del Palacio Lezama, la ex “Fábrica de Bizcochos Canale”, construida en 1875, excelente ejemplo de la arquitectura industrial de principios del siglo XX, hoy sede de varios ministerios de la Ciudad de Buenos Aires. “El Transbordador es una muestra icónica porque hay elementos conceptuales que me acompañan desde el inicio de mi producción”, explicó Gotleyb, quien brindó una entrevista donde contó aspectos esenciales sobre su obra.    

 “Cuando me mudé a una antigua casona de la Boca de estilo italianizante, de 1925, empecé construyendo mi Taller de Grabado, espacio para la producción y enseñanza del arte. También desarrollé una residencia de artistas, para que puedan vivir y trabajar artistas de todo el mundo y formarse en el lenguaje del grabado”.

“A veces pienso –destacó– que esa es mi verdadera obra, el reciclaje, restauración y puesta en valor de un espacio tridimensional, que me permite vivir y trabajar, sumergido en esa Casa/Instalación”.

Gotleyb nació 1958 en Resistencia. Desde 1987 fue seleccionado en más de 100 bienales y trienales en América, Europa y Asia, obteniendo 17 premios internacionales, incluido en 2018, SPECIAL AWARD, por su notable contribución al arte gráfico del mundo, en la 9º Trienal Internacional de Grabado, Bitola, República de Macedonia.

Y en nuestro país, recibió el Gran Premio de Honor del Salón Nacional y el Gran Premio Municipal Manuel Belgrano, máximas distinciones para un artista argentino.                                                Por su experiencia, lo han convocado como jurado de concursos nacionales e internacionales. En la actualidad, es profesor de la Universidad Nacional de las Artes, U.N.A. y curador y asesor artístico de la Secretaria de Inversiones y Asuntos Internacionales del Gobierno de Chaco.

Sus obras se encuentran en colecciones públicas y privadas. Es considerado uno de los máximos exponentes de la xilografía.

Gotleyb contó que cuando llegó a la Boca, desensilló y echó raíces: “A partir de ahí comencé a tener un romance con el barrio. La exposición que nos convoca es fruto de ese amor, un homenaje al Puente Nicolás Avellaneda. Instalado en nuestro país en 1914, uniendo el Puerto de la Boca con una la Isla Maciel efervescente, plena de fábricas y trabajo´”.

 “Desde mi terraza, veo al puente Nicolás Avellaneda, puedo admirar su colosal figura, como un nuevo coloso de Rodas. Me impactó tanto que empecé a dibujarlo, para luego llevarlo al lenguaje del grabado en madera”, aseveró.

 

¿La motivación de un artista también forma parte de su deseo y sus obsesiones?

—Mucho trabajo, observación y una gran cuota de obsesión, es el día a día del artista.                                                             Tengo una teoría respecto a este tema, asocio la palabra “obsesionarse” con “enamorarse”, pero no de una manera líquida, hablo de un amor loco, invasivo, un amor que no tiene horarios ni medidas, que no tiene límites, solo desbordes. Sed y hambre de crear, de hacer y de pensar, el concepto, la metáfora justa, la composición perfecta. La obsesión, que nunca nos deja conformes pero tampoco nos congela, no es el único, pero es un camino necesario

 

¿Su obra también atraviesa la geografía urbana de Buenos Aires, hay una búsqueda en ese paisaje, que es artístico pero también social?

—Si bien trabajo con mi entorno y mis experiencias personales, el paisaje de la ciudad, hace referencia a una ciudad universal. El tema es solo una parte del concepto, este va creciendo en mi cabeza y se convierte en una suma de propósitos. En una propuesta polisémica, donde lo social, lo ecológico, también están incluidos.

 

¿A la cuestión del paisaje urbano, también puede sumarse el concepto de tiempo y de naturaleza desplegado en su obra?

—El paisaje urbano no es un tema en sí mismo, es el vehículo para desarrollar un concepto. El análisis y la comprensión del presente, nos ayuda a proyectar el futuro. El presente en mi producción, es el pasado reciente. Mis ciudades son desmedidas, funcionan como un alerta que intenta mostrar el daño que provoca dar la espalda a la naturaleza. 

 

¿Qué significa ser, hoy, un artista visual (y un artista visual consagrado como Ud.), en relación con otras épocas?                                                                                                                                      

—En primer lugar tendríamos que definir a que llamamos consagrado. Tal vez podría aceptar que soy un artista “consagrado” como sinónimo de “dedicado” o “entregado” con fervor a mi tarea. Sinceramente no sé qué significa, hoy, ser un artista visual. Si sé que es lo que deseo hacer, profundamente, cotidianamente, apasionadamente. Probablemente la pasión define y atraviesa al artista de todas las épocas.

 

Resaltado:

“…Asocio la palabra “obsesionarse” con “enamorarse”, pero no de una manera líquida, hablo de un amor loco, invasivo, un amor que no tiene horarios ni medidas, que no tiene límites, solo desbordes. Sed y hambre de crear, de hacer y de pensar, el concepto, la metáfora justa, la composición perfecta”.

 

 

 

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