27/07/2018 EL MUNDO
EL CASO MARIELLE FRANCO

Detuvieron a dos paramilitares por el asesinato de la activista

Los presuntos participantes del crimen de la activista son un policía retirado y un exmiembro del cuerpo de Bomberos. Con la intervención en Río, aumentaron los asesinatos policiales, las matanzas paramilitares y los tiroteos.

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Dos integrantes de una “milicia” paramilitar fueron arrestados el martes, cuatro meses después del asesinato de la activista Marielle Franco, en el centro de Río de Janeiro, con una ametralladora de uso exclusivo de fuerzas del Estado y proyectiles pertenecientes a un arsenal de la Policía federal, según informaciones filtradas a los medios.

Los presuntos participantes en el crimen son el policía retirado Alan de Morais Nogueira, alias “cachorro loco”, y Claudio Barbosa, un exmiembro del cuerpo de bomberos. Ambos pertenecerían a la gavilla comandada por Orlando de Oliveira de Araújo, también policía jubilado que, al parecer tenía entre ceja y ceja a Marielle Franco.

El jefe de la banda, Oliveira de Araújo, está preso en una cárcel de máxima seguridad federal por otro asesinato en el que se empleó un modus operandi similar al que terminó con la vida de “Marielle”, que es el nombre con el cual se recuerda en las pintadas a la socióloga de 38 años, de sonrisa expansiva, con su cabello afro contenido por un pañuelo. Marielle se convirtió en un ícono de la pelea contra la represión en los morros.

La militante del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) se ganó la enemistad de las mafias por haber trabajado como asesora de en una comisión que investigó a las “milicias” en la década pasada, caso que sería reproducido en la película Tropa de Elite II. Años más tarde, en 2016, fue una de las concejalas más votadas para la Asamblea Municipal carioca, donde denunció las matanzas y desapariciones de vecinos de las favelas a manos de la Policía y sus fuerzas de apoyo, que son las “milicias” una recreación de los “escuadrones de la muerte” que actuaron durante la dictadura. Y denunció la intervención militar que comenzó el 16 de febrero.

Los sospechosos arrestados el martes tenían consigo 20 celulares utilizados para tramar golpes sin dejar rastros y pertenecían a una banda que actúa en la zona oeste carioca. “Es prematuro” asegurar que son miembros de la célula que mató a Marielle, opinó el más que cauteloso comisario Willians Batista, de la División de Homicidios de la Policía.

Nacida en la favela Maré, Marielle se presentaba como “madre, lesbiana y negra”. Los dos sospechosos encarcelados esta semana habrían sido parte del grupo que le siguió los pasos durante un buen tiempo y el 14 de marzo, el día de su asesinato, la espió por algunas horas mientras coordinaba un debate con mujeres negras en el barrio Lapa, zona de bares y teatros frecuentada por la intelectualidad carioca. Los matadores no la abordaron en Lapa. La ejecutaron en una zona del centro carioca donde previamente fueron desconectadas las cámaras de seguridad para obstruir la investigación.

Para Amnistía Internacional, hay dos elementos prácticamente incontestables surgidos después de cuatro meses del atentado: la llamativa demora (¿desinterés?) de los investigadores y el “profesionalismo” con que se condujeron el sicario, que demostró conocer el manejo de un arma de guerra, y los autores intelectuales. El tirador descargó cuatro proyectiles sobre la militante que estaba sentada en el asiento trasero y otros sobre el conductor del coche Anderson Gomes, también fallecido en el instante.

El crimen sucedió un mes después de iniciada la ocupación militar decretada por Michel Temer con la pretensión de restablecer la “ley y el orden” en Río de Janeiro. El nombramiento del general Walter Souza Braga Netto, exagregado militar en la embajada en Estados Unidos, al frente de la intervención fue aplaudido por la prensa grande y los partidos conservadores afines a la idea de militarizar la represión interna.

Con ese discurso “taparrabos”, se intenta en Brasil disimular la participación castrense en la represión contra los casi dos millones de favelados cariocas. Para los generales los vecinos de esas comunidades son sospechosos a priori.

Desde el inicio de la ocupación, los operativos con tanquetas y helicópteros demostraron estar más preocupados en fichar a los jóvenes favelados e identificar a las organizaciones sociales que en combatir a las “milicias”. Según el sitio Fuego Cruzado, desde que desembarcaron las fuerzas armadas aumentaron los asesinatos policiales, las matanzas paramilitares y los tiroteos.

Buena parte de las 700 favelas cariocas ya están en manos de las “milicias” paramilitares, que en los últimos años han ido ganando territorio a los narcos, los que siguen teniendo un peso considerable en esas regiones pobres. 

El crimen de la militante afectó la imagen de los militares que, según trascendidos, analizan levantar la intervención mientras la Comisión Interamericana de Derechos Humanos examina denuncias de abusos y la inconstitucionalidad del decreto de Temer.

 

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