12/01/2018 EL PAÍS

ARA San Juan: implosión y muerte instantánea

Así surge de un informe de la oficina estadounidense de Inteligencia Naval, difundido por el diario francés Le Monde. Según el documento ocurrió un “colapso (implosión)” a 400 metros de profundidad que liberó una energía equivalente a la producida por una explosión de seis toneladas de TNT y que provocó el hundimiento vertical de la nave a “una velocidad estimada entre 10 y 13 nudos” marinos. De este modo el ARA San Juan fue pulverizado en 40 milisegundos por la presión del océano. “No sufrieron, no se ahogaron, su muerte fue instantánea”, señala la citada pesquisa.

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Los 44 tripulantes del submarino San Juan murieron en forma instantánea, sin dolor, afirmó la oficina estadounidense de Inteligencia Naval. Así lo afirma el diario francés Le Monde, que a su vez cita una fuente británica.

La Inteligencia Naval se basa en los datos recogidos por la Organización del Tratado para la completa prohibición de ensayos nucleares, que el 15 de noviembre detectó la señal sonora de “un evento anómalo, singular, corto, violento y no nuclear”. Para la Inteligencia Naval se debió a la implosión del submarino a 400 metros de profundidad, lo que liberó una energía equivalente a la producida por una explosión de seis toneladas de TNT.

“No sufrieron, no se ahogaron, su muerte fue instantánea”, dice el informe, porque debido a la presión a esa profundidad el casco del sumergible fue totalmente pulverizado en 40 milisegundos y se precipitó en forma vertical a una velocidad de 10 a 13 nudos, sin que los tripulantes llegaran a advertir lo que sucedía. Le Monde agrega que esta precisión no atenuará la pena ni la cólera de los familiares de las víctimas, desesperados por la decisión oficial de abandonar la búsqueda e indignados por el modo en que las autoridades trataron la catástrofe.

 

DEMASIADA PRESIÓN

“Aunque la tripulación pudo haber sabido que el colapso era inminente, nunca supieron que estaba ocurriendo”, supone el documento técnico, que ilustra en términos comparativos la dimensión del evento. “La energía liberada en el colapso –precisa- fue equivalente a una explosión de casi 6 toneladas de TNT” en la profundidad del mar.

Según el informe estadounidense que Le Monde toma de una fuente británica, los hechos no fueron como las autoridades navales argentinas habían informado. No solamente hubo un mero “evento anómalo, singular, corto, violento y no nuclear consistente con una explosión”, como se aseguró entonces. La inteligencia de Estados Unidos sostiene que hubo un “colapso (implosión) del casco” del submarino que “se hundió verticalmente a una velocidad estimada entre 10 y 13 nudos” marinos.

Lo que hizo que la explosión tuviera esa fuerza fue “la presión del mar” en ese nivel de profundad, precisa el informe que, además, asegura que los tripulantes “no se ahogaron ni experimentaron dolor. La muerte fue instantánea”. Todo fue en 40 milisegundos, que es “el tiempo medio del mínimo requerido para el reconocimiento de un evento” de esas características.

ARA SAN JUAN

El submarino zarpó el lunes 13 de noviembre desde Ushuaia rumbo a Mar del Plata, en custodia de la pesca ilegal sobre el Mar Argentino. El miércoles 15 informó que había sufrido una avería en sus baterías y habían combatido un "principio de incendio". Tres horas después perdió todo tipo de comunicación. Por ahora, todo indica que por alguna razón, descartando el impacto de un misil o algo similar, ya que se supone que no había ninguna actividad de ese tipo en la zona, haya ocurrido una rotura en el casco.  Una es posibilidad es un fallo estructural, pero lo cierto es que el San Juan hizo muchos viajes y no se registraron mayores percances. Queda la posibilidad de una avería por la que el submarino hubiese descendido sin control, hasta el punto en el que colapsa por la presión del agua. 

El casco del ARA San Juan, un submarino de fabricación alemana, que desde 1985 sirve en la Armada Argentina, tiene 32 milímetros de espesor y es de una aleación especial de acero de alta resistencia llamado HY 80. No obstante, el agua ejerce una presión de un kilo por centímetro cuadrado cada diez metros, por lo que a medida que las profundidades aumentan la presión es tremenda: si el casco se rompe y entra agua y el submarino se hunde a la suficiente profundidad, el acero se deforma como si fuera papel y el submarino se achata por completo. Por eso, si el submarino está sumergido, una muy pequeña fisura produce un colapso.

Otra posibilidad es que se haya producido una filtración de agua en el depósito de baterías, lo que puede generar un corto que puede provocar un arco voltaico. La potencia de un evento así puede romper el casco de un submarino.

Lo cierto es que para resolver esta cuestión es necesario encontrar la nave, tarea nada menor si se tiene en cuenta que el ARA San Juan fue fabricado para pasar desapercibido. En ese sentido las posibilidades no son para nada las mejores: llevó 103 años encontrar al submarino australiano HMAS AE1, perdido con sus 35 tripulantes el 14 de septiembre de 1914, en el noreste de Papúa Nueva Guinea, por causas que aún se desconocen.

Aún si se diera con su ubicación el operativo de recuperación sería de por si una pesadilla logística que implicaría riesgo de vida para el personal interviniente y gastos millonarios. El peso del ARA San Juan se calcula en 1700 toneladas. Pero si se inundó, su peso puede acercarse a las 2500, 3000 toneladas. Para citar otro ejemplo el operativo de rescate de los restos del submarino K-141 Kursk, a sólo 108 metros de profundidad, demandó dos años y cientos de millones de dólares.

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